miércoles, 7 de noviembre de 2012

Informal/ Formal




Desde la adolescencia he mantenido muy en claro la idea de que la apariencia física (vestimenta, peinado etc.) tiene muy poco que ver con el desempeño profesional y la calidad como ser humano.

De ese concepto nace la filosofía informalmente formal. Me gusta creer que las personas trabajan con una actitud diferente (en su mayoría mucho más positiva) al no tener un código de vestimenta estricto.


Las empresas deberían ser un poco más flexibles en ese aspecto. Estoy de acuerdo que el mundo contemporáneo es un mundo donde la imagen es todo y más para los que nos desempeñamos en el ámbito de la comunicación, mercadotecnia y publicidad.

Sería ideal olvidarse de las apariencias impuestas y de las poses falsas y tomar en cuenta la imagen que la actitud y la empatía proyecta ante los demás.
Por eso agradezco en cierta medida que en el ambiente publicitario los códigos de vestimenta sean tan poco ortodoxos.
Agradezco que en la mayoría de las agencias la corbata, por mencionar un accesorio ilógico, esté prácticamente en peligro de extinción.

Y como no iba a estarlo si está científicamente comprobado que la corbata es un accesorio inútil, no mejora el desempeño de las personas y no hace que las personas sean más amables entre si. Digo, es un pedazo de tela que te cuelga del cuello.

No critico a las personas que gustan de disfrazarse, perdón, de vestirse todo los días con saco y corbata, estoy seguro que habrá quienes en verdad lo disfrutan. Debo confesar que de vez en cuando, ya sea por ego, por convención social o lo que sea,  es bueno cambiar el atuendo rutinario por uno distinto. A nadie le cae mal mostrar al mundo una versión extraoridinaria de uno mismo en ciertas ocasiones. Lo importante es ser informalmente formal, o lo que sería lo mismo, ser humano y tratar a los demás como similares sin poses ni presunciones.

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