Seguro te ha pasado.
Un día despiertas con la necesidad y la intención de hacer algo creativo, algo realmente artístico. "Algo" que supere tus habilidades y que esté dotado de una sensibilidad magistral.
Te sientas con la actitud de que las palabras, las formas y los colores broten como por arte de magia. La intención está ahí, pero ¿y la idea?.
Pasan los minutos y tu necesidad por crear aumenta al igual que la desesperación. Ese "algo" está ahí, en alguna parte esperando a que lo encuentres y lo dejes salir.
Quieres ser creativo, pero por más que le das vuelta a tu cerebro, nada te inspira.
¡Ay bendita inspiración! cuando más te necesitan, más tardas en llegar.
Cierras la libreta en blanco.
Te levantas, decides continuar con tu rutina y en el momento más inesperado ¡PUM! una idea llega.
Corres a apuntarla para que no se te olvide. Toda la semana estarás pensando en ella, dándole forma y una vez que llegue el sábado la trabajaras con emoción. Una vez terminada la verás y dirás: "No era como la imaginaba" y todo, absolutamente todo el proceso volverá a comenzar.

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