lunes, 4 de abril de 2016

Solía pensar/ Un buen día

Hace unos días, probablemente hace unos meses atrás, yo era distinto, diferente, con muchas ideas y un miedo imposible de ocultar.
Solía pensar diferente, vivir diferente. 
Solía pensar que debía cumplir con las expectativas de los demás.
Solía tener esas mismas expectativas sobre mí y los demás.

"Saca buenas notas, no hagas preguntas, no digas lo que piensas, no sueñes, haz lo mismo que los demás, ten muchos amigos, intégrate, consigue un buen trabajo... un trabajo "normal", ahorra, compra un auto, consigue una novia, cásate, ten hijos, consigue un ascenso, ahorra más dinero, trabaja más, compra una casa en la que no vivirás por estar trabajando, quéjate por lo mucho que trabajas, enférmate, quéjate y muere con la sensación de haber desperdiciado tu vida."

Solía esforzarme por demostrar que valía, que era un "joven" exitoso. Solía ser un trabajador que daba todo de sí para no recibir más que un salario promedio. Solía soñar con tener una cuenta bancaria inflada que me permitiera gozar de lujos materiales con la falsa idea de que en ellos encontraría la felicidad, de que ellos se llevarían la sensación de soledad.

Solía reclamarme por haber perdido dos años estudiando una carrera que elegí al azar, sin saber qué era lo que realmente me gustaba. Solía pensar que egresar a mis 24 años de la universidad me complicaría tener una prominente y exitosa trayectoria laboral.

Solía reprocharme el no cumplir con mis planes de vivir solo a las 21 años, de no haber estudiado 2 carreras, de no estudiar la maestría.

Solía creer que era una persona promedio, al borde del fracaso, con un potencial enorme pero sin los medios para lograr algo.

Solía pensar en la mala suerte y que la culpa de mi desgracia, de mi tristeza, de mi enojo recaía en los demás. "El mundo está jodido, así no se puede hacer nada." "Este mundo es una mierda, para que me esfuerzo si todo sigue igual."

Solía sufrir estar solo, me estresaba el no encontrar a esa persona "especial", aquella que el mundo entero espera encontrar para casarse y compartir la vida entera aunque sea irónicamente sólo por unos cuantos años.

Solía desconfiar de mí, de lo que sentía, de lo que sabía. Estaba convencido que el mundo hacía lo necesario para demostrarme que no era capaz.
Solía criticar a las personas, puntualizar sus defectos para ignorar los míos.
Solía odiar mi aspecto físico al punto de no soportar mirarme al espejo.

Solía enojarme cuando veía a los demás "disfrutar" y me preguntaba por qué a ellos el "universo", por ponerle un nombre, los había bendecido con tanta "felicidad".

Solía tenerle miedo al fracaso cuando lo único que estaba haciendo era fracasar.

Quizá tú te encuentres actualmente en un lugar similar y no voy a intentar convencerte para que pienses o sientas igual que yo.

Sólo quería contar que un buen día decidí cambiar mis conceptos de éxito y felicidad. 
Un buen día con un poco de ayuda y un mucho de batallar, me di cuenta que al primero que hay que convencer es a uno mismo, que al único que hay que vencer es a uno mismo. Al primero y al único que hay que hacerle caso es a uno mismo.

Si vas a cumplir expectativas, asegúrate de que sean realmente las tuyas y no las que los demás te han impuesto.

Si crees que el éxito está en el dinero, convéncete y cree en que lo que haces te lo dará.
Si crees que la felicidad está en estar siempre acompañado, convéncete de que tu compañía vale mucho más.
Si crees que que hay otros caminos, convéncete y cree en que los puedes caminar.

Solía pensar que era imposible, pero un buen día decidí comprobarlo y ahora no hay manera de que dé marcha atrás.

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