Bienvenido a ese lugar, a ese rincón familiarmente desconocido y fugazmente recordado que espera solitario bajo un cielo de un color entre verde vida y azul no me acuerdo.
Recuerdo las ganas de escribir como algo natural, como una necesidad por ser y hacer algo que le diera a mi mente hiperactiva un momento de descanso.
Al escribir no pienso o al menos así parece.
Las palabras cobran vida por si solas y las ideas dejan de ser imágenes abstractas y se transforman en sentimientos honestos, a veces siniestros y en ocasiones incomprensibles.
Me gusta creer que las palabras que pronuncio cual filósofo inexperto, hacen sentido de manera inexplicable en el interior de cualquier alma despistada que por azares del destino se encuentre frente a ellas.
Así comienza, así continúa...
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