Apenas hace algunas horas estaba aterrizando de manera sorpresiva ( según yo faltaba descender algunos metros antes de tocar pista cuando de repente se sintió el trancazo ) en el increíblemente moderno y limpio Aeropuerto Internacional de México (No es sarcasmo y más si lo comparas con el aeropuerto de Roma).
Después de 13 días vagando por el continente Europeo, por fin pude regresar a casa con una nueva visión
Podría escribir mil entradas con anécdotas del viaje, otras tantas con consejos para futuros viajeros y millones de textos con rollos existenciales (incluyendo comparaciones entre mi país y los que visité) que esta travesía dejó marcados en mi mente y en mi espíritu.
Sin embargo, probablemente sólo subiré a este espacio un minúsculo fragmento de la experiencia universal que fue conocer otros mundos y otros hábitos. Por que dejenme decirles que aunque suene a cliché, los países europeos incluyendo los de origen latino son totalmente distintos a mi bello y adorado México.
Sé que previamente comenté y establecí dos proyectos para el viaje. Debo confesar que no salieron como esperaba y será en próximos días que estaré cumpliendo con esa agenda y podrán darse cuenta de los resultados.
Por hoy, después de haber acumulado 25 horas de vuelo, 2 horas en barco y 14 en tren en las pasadas dos semanas, sólo es oportuno decir: "Gracias al destino por la oportunidad y bienvenido al nuevo yo que regresa a su hogar con una visión totalmente distinta".

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